Soneto 46

 

Sonnet 46 – William Shakespeare

 

Mine eye and heart are at a mortal war
How to divide the conquest of thy sight;
Mine eye my heart thy picture’s sight would bar,
My heart mine eye the freedom of that right.
My heart doth plead that thou in him dost lie —
A closet never pierced with crystal eyes —
But the defendant doth that plea deny
And says in him thy fair appearance lies.
To ‘cide this title is impanneled
A quest of thoughts, all tenants to the heart,
And by their verdict is determined
The clear eye’s moiety and the dear heart’s part:
As thus; mine eye’s due is thy outward part,
And my heart’s right thy inward love of heart.

 

Soneto 46

 

Mi corazón está en guerra con mis ojos,
por cómo repartirse el botín de tu aspecto.
Mi ojo al corazón, quiere ocultar tu imagen,
mi corazón al ojo la libertad de verte.
Mi corazón alega que dentro de él resides,
-reducto nunca usado por ojos cristalinos-
pero el otro adversario, refuta el argumento,
diciendo que en él vive, tu atractiva presencia.
Para solucionar este pleito se llama,
a doce pensamientos, del corazón vasallos,
y por su veredicto se establece la parte,
que corresponde al ojo y al tierno corazón.

La deuda de mi ojo es tu parte exterior
y al corazón, el íntimo, don de tu corazón.

 

 

Transcreaciones

Sonnet 46 by Jack Little

 

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Soneto 46 por Jack Little

 

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Soneto 46 por Gaspar Orozco

 

El ojo de la paloma, naranja vivo, a través del vidrio sucio de la ventana. Me ve y lo veo. Escucho con claridad el latido negro de su corazón, que cruza la ceniza. Como gota que muere contra lo transparente. Ojo y corazón en mortal combate      por dividir entre ellos tu visión. Emprende el vuelo la paloma y deja un hueco en la sombra de la ciudad. Ese naranja vivo, ese negro casi púrpura, equivalen para mí a cierto tipo de esperanza. Mi ojo tu imagen prohíbe al corazón, mi corazón niega al ojo libertad. Necesitaba otra vez un río para vivir: el desierto, los caminos y el mar no me bastaban, creía yo en aquel tiempo. Suplica el corazón que en él habites, Y aquí, a la orilla de este río, el río al otro lado de la isla, descubro que cada día me quedo sin memoria. Sólo algunas imágenes siguen ahí, como manchas de humedad en las paredes de una casa en la que ya no vives. Y las memorias que fabricaré de este tiempo serán tan frágiles y breves como la vida de las luciérnagas que atrapo y dejo escapar sobre la hierba, al margen del agua. Sombra nunca herida por ojo de cristal; No todos los días brillará para ti el oro anaranjado de la paloma, ni latirá para ti su corazón tan negro que es púrpura. Pero el ruego rechaza el acusado, y asegura que en él tu luz descansa. Por eso traducir, por eso aceptar entrar en esta guerra civil del lenguaje: el que traduce, pierde. Busco la palabra, la luz perdida en el tablero vacío. A decidir la cuestión se convoca   al gran jurado de mis pensamientos, Al lado de la torre en la que vivo, una máquina destruye la tierra para construir un edificio sobre la herida. Los golpes hacen temblar el río, el vidrio y el agua del vaso que tengo a mi lado mientras escribo. El dolor es también un círculo que se abre dentro de otro círculo. Así, una palabra nace de otra. Y su veredicto ha determinado, lo que a corazón y ojo pertenece, Entre el ojo y el corazón los caminos están cerrados: sólo el río queda libre. El ojo mira en su círculo la llama cerrada del alma, el corazón dilata su señorío hasta el horizonte. Tu externo dominio para mis ojos, y al corazón mío, interno imperio.

 

Sonnet 46 by Gaspar Orozco

 

The pigeon’s eye, vivid orange through the dirty window pane. He sees me, and I see him. I hear the clear, black beating of his heart across the grime. Not unlike a drop that dies against transparency. Heart and eye at mortal war to divide among them the spoils of thy sight. The pigeon takes flight, leaving behind a hollow in the city shadow. I find that vivid orange, that almost bruised black, tantamount to a certain kind of hope. Mine eye would bar the heart thy picture’s sight, my heart freedom to mine eye. Once again, I needed a river to live by: the desert, the roads, the sea were not enough for me, or so I believed at the time. My heart doth plead that thou in him dost lie, And here, on the banks of this river, this river on the other side of the island, I find that every day, I am bereft of remembrance. Only certain images persist, like stains of humidity on the walls of a home where I no longer live. And any memories fabricated of this time will be as brief and fragile as the lives of fireflies I capture and release over the grass that grows by the waterside. A shadow never pierced by crystal eye; not always will the orange eye of the pigeon shine for you, nor will its heart, so black it is bruised, beat for you. But the defendant doth that plea deny, and claims in him thy light doth lie. That is why we translate, why we agree to wage this civil war of language: he who translates, loses. I search for the right word, the lost light on an empty board. Summoned to decide the question is the grand jury of my thoughts, Near the tower where I live, a machine razes the earth in order to raise a building over the open wound. With every blow, the river trembles, likewise the glass and the water in the glass I keep beside me as I write. Not unlike the spread of pain, a circle inside another circle. Thus is one word born of another. And by their verdict is determined that which belongs to eye and heart. Between heart and eye, the roads are closed: only the river rolls free. The eye sees the enclosed flame of the soul in its circle, the heart extends its manor all the way to the horizon. For mine eye, thy outward dominion, and inward empire for my heart.

 

Versión en español de sonetos de Shakespeare: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Edición: Ramón García González.
Traducción de poemas transcreados: Tanya Huntington.